Artículos de opinión

Piketty

Pedro Schwartz
Expansión , 24 de abril de 2014

El autor señala que Thomas Piketty está equivocado en su libro ‘El capital en el siglo XXI’.

En su opinión, Piketty esgrime una tendencia “inevitable” hacia la desigualdad en el sistema capitalista sólo para justificar la subida impuestos a las rentas más altas.

Un economista francés, Thomas Piketty, se ha convertido de la noche a la mañana en una celebridad –gracias, claro, a su éxito en EEUU–. Las grandes ventas de su libro de casi 700 páginas, El capital en el siglo XXI (Harvard), le han permitido hacer una gira de estrella de las letras de una a otra costa del país. Un artículo del New York Times ha llegado a comparar su libro con La riqueza de las naciones de Adam Smith y El capital de Karl Marx. Piketty se ha reunido con el secretario del Tesoro Jacob Lew, ha dictado una conferencia ante el Consejo de asesores económicos del presidente Obama y ha hablado en el FMI y las Naciones Unidas. Consiguió que Stiglitz y Krugman, dos premios Nobel, presentaran con él su libro en Nueva York.

A Stiglitz le venía el libro de Piketty como anillo al dedo, pues lleva algún tiempo diciendo que la desigualdad en EEUU, reflejada en la caída de los ingresos de la clase media, está poniendo en peligro la recuperación tras la crisis y matando el “sueño americano”. En cuanto a Krugman, acaba de escribir en la prestigiosa New York Review of Books que el libro de Piketty “cambiará tanto la forma en que concebimos la sociedad como la manera en que hacemos economía”. ¡Qué revuelo en los círculos del liberalismo socializante!

Llevaba Piketty rodando hacía tiempo por las revistas científicas en inglés. Yo me lo encontré en el último número del Journal of Economic Perspectives que publica la venerable American Economic Association. Estaba yo escribiendo mi columna mensual para el Liberty Fund, sobre la extraordinaria reducción a la mitad del número de pobres en el mundo de 1970 a 2006 y, por consiguiente, el estrechamiento de la desigualdad mundial. Me topé con una obsesión muy de este momento: la mejora de los ingresos y aumento de riqueza del 1% de la sociedad en EEUU y parte del mundo avanzado. Personalmente no me preocupa ese enriquecimiento de la elite, si gracias a la globalización la pobreza extrema de los países subdesarrollados se ha reducido tanto. Pero muchos compañeros de profesión se muestran preocupados por lo bien que les va a los muy ricos en las economías de mercado.

En Francia hace años que Piketty está en el candelero, con diversos libros y trabajos sobre el aumento de ingresos y riqueza de los ricos de su país. Sus estudios se han basado en un paciente trabajo estadístico sobre las declaraciones fiscales de ingresos, riqueza y transmisiones patrimoniales de los franceses a lo largo de nada menos que dos siglos. No sorprende que este economista, a quien tanto disgusta la desigualdad de renta y riqueza, se convirtiera en el economista principal de Segolène Royal, cuando la hoy flamante ministra de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía en el Gobierno de Valls se presentó a las elecciones presidenciales de 2007, que perdió frente a Sarkozy.

El libro sobre El capital en el siglo XXI es más ambicioso. Con la ayuda sobre todo de Emmanuel Sáez de Berkeley, ha hecho Piketty el mismo trabajo para todos los países del mundo adelantado a partir de la mitad del siglo XIX. Ha encontrado notables variaciones de ingreso y riqueza entre los de habla inglesa por un lado y los del Continente europeo por otro: en los primeros, cuyos impuestos son menos gravosos para los más ricos, hay mucha más desigualdad que en los continentales. Sobre la base de ese notable trabajo estadístico construye Piketty un modelo explicativo y deduce una conclusión política.

Veamos primero el modelo, que se está convirtiendo en mantra o lema de la izquierda razonable. Se resume en una sola desigualdad: r>g, donde r es el rendimiento del capital y g la tasa de crecimiento de la economía. En los períodos en los que las economías crecen más despacio, dice Piketty, aparece esa desigualdad y los dueños del capital engordan. Cuando la economía renquea como ocurre en la actualidad empieza una época dorada para el capital. La afirmación de que esta desigualdad puede mantenerse durante largos años equivale a una creencia de que no hay relación entre la acumulación de capital y el crecimiento de las economías. La tasa r depende de la capacidad de presión política de los capitalistas y directivos, no de la productividad de las inversiones ni de la productividad del trabajo de los grades dirigentes de empresa. En realidad, esta desconexión entre productividad del capital y de los gestores de empresas y el desarrollo económico no parece sostenible. El propio Krugman dice en la NY Review of Books que a largo plazo tiene que ir juntos. El propio ejemplo histórico aducido por Piketty de “Belle époque” de Napoleón III le contradice: si los ricos franceses prosperaron tanto entonces se debe a lo productivo de las grandes inversiones en toda Europa, las ferroviarias y otras obras públicas como el Canal de Suez.

Esa desconexión entre la remuneración del capital y el crecimiento de la economía puede prolongarse y se prolonga durante largos años, con lo que, a medida que el capitalismo pierde fuelle, como dice Piketty que lo está perdiendo, se hace más injusto. De esta tendencia (¿casi?) inevitable del capitalismo deduce su chocante conclusión política. Se puede cargar de impuestos a las clases más pudientes de la sociedad para reducir las desigualdades sin que ello afecte el progreso de la economía. ¡Ahí querían llegar Piketty, Segolène, Obama, Stiglitz, Krugman y toda la banda de amantes de la igualdad económica a la fuerza! “El tipo máximo aconsejable sobre el ingreso, el capital y la herencia puede elevarse dramáticamente si la prosperidad de los más ricos se debe a su capacidad de presión política y no a su productividad.” (JEP, 2014, pg. 12).

La sugerencia subliminal del modelo de Piketty es la que revela el título de su libro: El capital en el siglo XXI. El fantasma de Marx vuelve a recorrer las cortes de Europa (y de América). También Marx acuñó una sencilla fórmula para definir el camino futuro del capitalismo: r = o- / Q. El rendimiento del capital r es inversamente proporcional a Q, la cantidad de capital fijo por trabajador (siendo o-, la explotación de los trabajadores, virtualmente constante). A medida que la economía capitalista se mecaniza, más caen los beneficios hasta llegar a cero, que es cuando el capitalismo implosiona y muere.

Mis lectores me perdonarán esta indigestión aritmética pero llevo muchos años viendo a los enemigos del libre mercado reducir las supuestas leyes de evolución histórica del capitalismo a sencillas aunque oscuras fórmulas y así cegar a quienes no quieren ver.

El fantasma de Marx, que publicó ‘El capital’, vuelve a recorrer las calles de Europa (y de América)

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Comentarios

1 Comentario(s)
  • Marco

    13 de mayo de 2014

    Leí su artículo, y en lugar de centrarse en las ideas de Piketty, se obsesiona con lo que hay a su alrededor. Sólo lo trata de denostar de manera pueril y superficial. Llevamos más de 30 de libre comercio y de "baja inflación" y nuestro poder adquisitivo en México es un 74% menor a hace más de 3 décadas. Y tenemos un puñado de personas en la lista de los más ricos del mundo Slim (nuestra gloria nacional), etc. Y que lleve muchos años analizando la economía y blandiendo su espada libertadora del capitalismo, no lo hace tener la verdad absoluta.

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