Artículos de opinión

Perdido el camino...

Pedro Schwartz
Expansión , 2 de junio de 2014

Las elecciones al Parlamento Europeo, tanto en España como en el resto de Europa, se han centrado en cuestiones nacionales, incluso cuando el voto fue expresión de antieuropeísmo. Ahora, los gobiernos nacionales ven en peligro su proyecto político en la medida en que lo habían unido a la idea de Europa; y las autoridades de la UE ya no saben cómo realizar el ideal de unión europea, que es su razón de ser. Todos han perdido el camino. Es lo que suele ocurrir a quienes se encandilan con alguna utopía inasible, como es la de construir una Europa a imagen y semejanza de los Estados Unidos de América. Ya saben que “utopía” quiere decir un lugar al que es difícil llegar porque no está en ningún sitio.

Es natural que una elección que muchos ciudadanos ven como carente de consecuencias tangibles muestre resultados dispersos e, incluso, contradictorios. La abultada abstención, excepto en Italia, donde se juzgaba el proyecto de regeneración de un joven primer ministro, ha significado falta de interés de muchos en el proyecto político europeo y también pérdida de confianza en sus representantes políticos. El crecimiento de los partidos de extrema izquierda y extrema derecha ha sido expresión de protesta de quienes han sufrido la crisis económica y han soportado sus consecuencias, pero también muestra de un renacimiento del sentimiento nacional. Desde el Tratado de Roma, los europeos hemos buscado acoplar la creación de un mercado único europeo con la creciente unión política: al ir demasiado aprisa con la creación del euro y construir instituciones administrativas sin raíces en el sentir de la gente, los europeos hemos puesto en peligro ambos elementos de unión.

Reformas a regañadientes

Por lo que se refiere a España, son tres las cuestiones preocupantes. El Gobierno del PP cree haber ganado las elecciones. El Partido Socialista creía que podía ganarlas. Y entre los partidos nacionalistas casi las han ganado. Centrémonos en el Gobierno. Achaca sus malos resultados a una falta de comunicación con su electorado: muy al contrario no ha fallado la comunicación, sino el contenido. Ha quedado bien clara para muchos de sus seguidores la falta de reacción de su directiva ante la corrupción que ha cundido en sus filas. Sin duda eran necesarias medidas para atajar la crisis financiera y económica, pero los ministros han dejado bien claro que los recortes y las reformas se llevaban a cabo a regañadientes. En realidad, al Gobierno del PP le habría gustado que el proyecto socialdemócrata del PSOE hubiera sido factible y evitar la transformación a la fuerza del sistema financiero de nuestro país; una reforma del mercado de trabajo, parcial aunque bien encaminada; el intento sin duda necesario de crear un mercado único en España; unos pocos cierres de empresas públicas autonómicas; la temporal reducción del número de contratados del Estado y muchas subidas de impuestos.

La doble crisis de 2008 y 2012 era el momento adecuado para reconstruir desde sus cimientos el Estado de Bienestar en España. El público habría aceptado, con protestas sin duda pero resignadamente, que la ayuda pública se ciñera a financiar un nivel mínimo necesario de servicios públicos, con copago en la Sanidad y en la educación no básica; con capitalización parcial al menos de las pensiones; con la reforma de la representación sindical en las empresas, con un contrato laboral único… En fin, para qué voy a seguir, pues en el señor Mariano Rajoy y en muchos de sus ministros ha faltado la convicción para hacer una reforma que iniciara una nueva era en la evolución de nuestra sociedad. Y eso que sólo hablo de economía...

Con más de lo mismo, el PP perderá las próximas elecciones locales y generales. Ahora sería necesario señalar que, hecho lo mínimo necesario, había llegado el momento de un renuevo de ilusión en el país. Es indispensable un cambio de ministros con un cambio de proyecto. El señor Montoro ha hecho su trabajo y ahora le toca descansar. Es triste que se esté pensando en enviar al ministro Guindos a Europa, cuando hace falta aquí en España para dar un giro hacia el crecimiento, con nuevas y más profundas reformas. El ministro de Industria ha creado tal confusión con su reforma eléctrica que sería necesario otro ministro que libere la tarifa eléctrica de impuestos especiales y subvenciones espurias, al tiempo que se liberalice el mercado de la energía como se ha hecho con las telecomunicaciones. Una crisis de Gobierno, incluso lateral, despejaría el bochorno que nos agobia.

En Europa son tantos los cambios que hay que hacer… ¿Estamos seguros de que necesitamos un Parlamento europeo? El intento de democratizarlo, dándole cada vez mayores poderes para que los votantes le presten más atención, ha fallado. ¿Por qué no reuniones contadas de una Asamblea compuesta por diputados nacionales, con verdadera representación de la ciudadanía? Muchas menos directivas desde Bruselas y mucha más concurrencia entre las diferentes naciones, sin subvenciones a quienes no quieran reformarse. ¡Ah! Se me olvidaba: Ucrania. Necesitamos una política de defensa europea, que es lo que los países que se liberaron del imperio soviético buscan de verdad. No soñemos. Como en Europa no mandamos, ¿por qué no mandar en España?

 

La doble crisis de 2008 y 2012 era el momento adecuado para reconstruir desde sus cimientos el Estado de Bienestar en España

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