Artículos de opinión

Miedo injustificado

Pedro Schwartz
Expansión , 1 de mayo de 2014

Cinco preguntas sobre la deflación que amenaza.

1. A la economía ¿no le conviene un poco de inflación? ¿No un peligro que el país caiga en la deflación?

Los keynesianos antiguos y modernos han considerado siempre que una inflación moderada anima el crecimiento. Con salarios rígidos a la baja, un aumento de los precios equivale a una reducción de los salarios reales y mayores beneficios para las empresas, con lo que el empleo y la producción aumentan a corto plazo. Esto sólo dura lo que tarda la información real en difundirse. En todo caso, yo creía que los españoles estábamos buscando abaratar de nuestros bienes y servicios para competir mejor.

2. Pero, ¿no fueron las caídas de salarios y precios la verdadera causa de la Gran Depresión de 1929 a 33?

Eso es lo que pensó Roosevelt en un principio. Consideró que no bastaba con un programa de obras públicas y tomó drásticas medidas para elevar los precios: forzó subidas de los precios agrícolas pese a la sobreproducción de alimentos; fomentó los cárteles de empresas; e impuso la sindicación obligatoria. Cuando Wall Street tropezó otra vez en 1934, cambió parcialmente de rumbo en su política de intervención en precios y salarios. La Gran Depresión se debió a una repentina falta de liquidez porque la Reserva Federal permitió la quiebra de banco tras banco. La deflación, sobre todo moderada, no es por sí un peligro para el equilibrio macroeconómico.

3. El Banco Central Europeo debería embarcarse en una campaña de Quantitative Easing (QE) para reanimar la economía europea.

Olvidemos lo inconveniente de la inflación. Ahora sobra liquidez en Eurolandia y en el mundo entero. El BCE ya expandió el balance en su momento prestando a los bancos de la zona y comprando deuda pública de manera poco legal. Ahora se le pide que cree dinero con comprando papel privado. La causa de la falta de crédito, que es de lo que nos quejamos empresarios y familias, es el endeudamiento en los países europeos. La necesidad de devolver esos fondos no se remedia con la creación de más dinero por el BCE.

4. ¿De verdad es bueno para el bienestar de los individuos una deflación constante, mientras sea la óptima, como explicaba Milton Friedman?

La inflación, por moderada que sea, incluso en los niveles que pide el BCE, no es conveniente. Los individuos mantenemos una cartera de activos de vario plazo y riesgo, desde dinero contante y sonante hasta bienes inmuebles, pasando por depósitos, obligaciones, acciones, capital humano y demás elementos reales y financieros. El rédito de esos activos (netos de pasivos) tenderá a ser el mismo para todos ellos, corregido de inflación y prima de riesgo. En equilibrio, este rédito es igual a la tasa de descuento inter-temporal de los individuos, igual a lo que hay que pagarnos para aplacemos el consumo e invirtamos. Pero el dinero del banco central tiene coste de producción cero y no paga interés. Para que produzca un rédito igual a la tasa de preferencia inter-temporal de los demás activos, tiene que producir el mismo flujo de valor real que el resto de la cartera. Sólo puede hacerlo si su poder de compra aumenta porque van cayendo los precios. Si no hay una tasa de deflación moderada y constante igual a la tasa de descuento intertemporal, los individuos mantendremos en cartera menos dinero que el óptimo.

5. ¿No tiene la deflación efectos redistributivos inconvenientes?

La deflación favorece a los prestamistas y castiga a los deudores. Pero mientras se mantenga en el nivel óptimo definido en 4. podemos despreciar este efecto.

6. La QE tendría el efecto de deprimir el tipo de cambio del euro. ¿No sería bueno que en esto imitásemos la depreciación del dólar, el yen y la esterlina?

El crecimiento sostenible nace de la inversión y el avance tecnológico. A corto plazo se puede vender más devaluando pero jugar con el tipo de cambio nominal no es la política adecuada en un país adelantado. Otro día habrá que hablar de la necesidad de China de colocar el renminbi en su precio de mercado para reequilibrar el crecimiento de su economía.

No hay que hablar sin saber.

 

La causa de la falta de crédito, que es de lo que nos quejamos empresarios y familias, es el endeudamiento en los países europeos   La inflación, por moderada que sea, incluso en los niveles que pide el BCE, no es conveniente   El crecimiento sostenible nace de la inversión y el avance tecnológico

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