Artículos de opinión

El gas de esquisto: un favor de los dioses

Pedro Schwartz
Expansión , 23 de mayo de 2014

El descubrimiento y explotación del gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas de esquisto en EEUU permite sacar tres conclusiones o, mejor podría decirse, tres lecciones que los europeos solemos olvidar: las posibilidades de la técnica para echar atrás las fronteras de la escasez de recursos; la capacidad de innovación de los empresarios individuales comparada con las del sector público y las grandes corporaciones; y la necesidad de acertar en la definición de los derechos de propiedad.

La revolución del gas de esquisto ha transformado la situación energética de los EEUU y aún podría hacer lo mismo con la de Europa, si la opinión pública y los gobiernos de nuestra UE no se empeñaran en poner freno a desarrollo de esas explotaciones. Los obstáculos a la explotación de las reservas de esquisto en China se enfrentan con un obstáculo distinto: el de la rigidez de las autoridades en una actividad que se adapta mejor a iniciativas independientes y pequeñas. Hay suficientes depósitos en Reino Unido, el continente europeo y en China para ponerse a la altura de lo que se está llevando a cabo en la gran República norteamericana. Sin embargo no está ocurriendo así.

Robert A. Hefner III, uno de los iniciadores ahora multimillonarios de esta nueva actividad minera, acaba de publicar un artículo en la revista Foreign Affairs, en el que describe lo que la explotación de estos nuevos yacimientos significa para la reindustrialización y reanimación de la economía estadounidense. El número de personas que trabaja en la industria del gas y el petróleo es ahora de más de un millón de personas, tras aumentar ese empleo aproximadamente un 40% de 2007 a 2012.

La explotación de esas nuevas fuentes de gas natural supuso una repentina caída de su precio por cada mil metros cúbicos de 13,50 dólares en 2008 a 4 dólares o incluso menos en 2009. Ahora el gas se vende a un precio equivalente a 25 dólares por barril de petróleo, cuando hoy el precio de éste se encuentra en los 100 dólares. El gas natural satisface un 25% de las necesidades energéticas de los EEUU en la actualidad. Ya son 20 millones de hogares americanos los que usan el gas para sus necesidades.

Las consecuencias favorables de esta nueva oferta no se notan solo en el uso energético directo sino también en la industria química y textil, que usan el gas natural como materia prima. No se olvide que esas técnicas, debidamente adaptadas, se están aplicando también a la recuperación de petróleo de bolsas estancas: EEUU podría sobrepasar a Rusia como segundo productor mundial de petróleo hacia 2020, y quizá incluso superar a los saudíes.

¿Se acuerdan ustedes de cuando el Club de Roma avisaba de que el agotamiento de las fuentes de hidrocarburos estaba a la vuelta de la esquina? Esos avisos se han perdido en la niebla de los tiempos. Algunos de los que se proclaman amantes de la Humanidad muestran constante falta de confianza en la capacidad inventiva del hombre y su disposición para buscar remedio a los aumentos de costes cuando arrecia la escasez. Las transformaciones técnicas de la recuperación del gas de esquisto se deben a la iniciativa de pequeños empresarios y no de las grandes compañías petroleras. Al principio, el gas se recuperaba con pequeños taladros verticales, a veces de no más de diez metros, con un rendimiento marginal, dados los costes. Un aventurero tejano, George Mitchell, innovó con perforaciones horizontales en las reservas. La experimentación con nuevas brocas, distintas combinaciones de agua y productos químicos para romper la rocas, cambios en la presión aplicada, han dado lugar a drásticas reducciones del coste de producción. El desarrollo de esta nueva industria se debe a pequeños empresarios innovadores, según la tradición del Oeste americano. Mientras las compañías petroleras se concentraban en fusiones, adquisiciones y explotación de reservas masivas en lejanos países, los mineros wildcat o “gatos salvajes”, como allí los llaman, desarrollaban explotaciones individuales que los grandes no sabían apreciar.

La estructura de los derechos de propiedad resultó ser el marco adecuado para toda esa nueva actividad. En el Derecho de EEUU, como en Derecho romano, la propiedad privada se extiende desde el cielo hasta el centro de la Tierra. El subsuelo pertenece al dueño de la superficie y no al Estado como en Europa, con lo que es posible llegar a acuerdos de explotación sin necesidad de concesión pública. Cierto que esas explotaciones pueden tener consecuencias medioambientales: así, California las ha suspendido mientras se examina el consumo de agua que conllevan. Sin duda también es necesario vigilar para que los “gatos salvajes” cuiden los acuíferos. Pero si (como siempre) Europa reacciona prohibiendo, peor para nosotros los europeos.

La intervención pública bienintencionada también puede producir daños colaterales en el sector energético de EEUU. Por suerte, la Administración se dejó de controlar el precio del gas, lo que permitió una subida inicial que animó la búsqueda de nuevas fuentes. Sigue en pie, sin embargo, la prohibición legal de exportar petróleo y gas al resto del mundo, que parece que pronto se levantará.

La producción nuclear de electricidad no ha renacido por temor a nuevas catástrofes como las de Three Mile Island, Chernóbil y Fukushima, pese a decididas mejoras técnicas ahora aplicables, como la refrigeración por la fuerza de la gravedad, o la construcción modular de plantas pequeñas. No han tenido el efecto deseado las exenciones fiscales a las energías alternativas. El Gobierno Obama está a punto de promulgar nuevas reglamentaciones de emisión de CO2 para reducir drásticamente el uso del carbón en la producción de electricidad. Todo ello puede dar lugar a una apuesta exclusiva por el gas natural que podría no ser tan extrema si se dejara operar el mercado libre.

 

¿Se acuerdan de cuando el club de Roma avisaba del agotamiento de los hidrocarburos?

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